A veces uno puede pensar que el camino del arte transita los senderos de la inmaterialidad. ¡Qué curioso este afán desmaterializador! El arte en la red. El conceptual. La performance, hablan en cierto modo el idioma de la no constancia. Son la antinomia de las pirámides egipcias. ¡Fugacidad del arte! También la luz participa de este tránsito etéreo. Como fenómeno físico la luz acoge la paradoja de ser onda, de ser partícula. Como símbolo también, imagen de la inteligencia y del deslumbramiento, responsable de la visión y de la ceguera. La luz manifestación de lo divino, oposición a la oscuridad confusa y maligna. En materia artística, la luz entra a formar parte de este paradójico y antinómico juego, se recrea en esa extraña tendencia a la desmaterialización.
DE
IN NOMINEN LUMINEM A DAR LA LUZ O DE LA LABORAL 2010 A LA
MONSTRUA 2012.
¿Que fue In nominen Luminem?
In
nominem luminem fue una exposición, celebrada durante la
segunda quincena del mes de mayo del 2010 en LAboral de Gijón, tuvo la virtud
de volver los ojos hacia la luz, la luz artificial en el arte reciente de una
forma radical, letal. Bajo el revelador subtítulo de “Luz artificial como
material, herramienta, contenido y mensaje en el arte último” pretendía acotar
las posibles fugas en el camino de la creatividad luminiscente; en efecto, se trataba
de la luz artificial como materia que posibilita la creación, como herramienta
configuradora de sus posibilidades creativas y como contenido del objeto o
hecho artístico. Si bien todos estos
elementos resultan fronterizos, remarcan sin embargo el carácter novedoso de la
experiencia estética de la luz, en oposición al también complejísimo problema
de la luz en el arte tradicional, o la iluminación natural. Aunque,
sospechamos, sin este viejo tratamiento, a lo mejor tampoco resultaría
inteligible el tratamiento novedoso, “tecnologizado” de la luz.
La
muestra fue colectiva y representativa del plural y abierto empleo de la materia, de la herramienta y del contenido
lumínico. Materia cuando la luz es el objeto plástico en sí. Herramienta
cuando lo configura y ayuda, contenido cuando se reflexiona y conceptualiza;
son los diversos modos en que la luz puede ser trabajada en radicalidad.
Participaron en aquella ejemplar exposición de La Laboral artistas nacionales e
internacionales de diversos continentes que, aún activos, han centrado su
creatividad en la luz artificial, concepto éste, el de “luz artificial”, harto
ambiguo y variado también, como pudo verse al contrastar las distintas personalidades
participantes en el evento-recorrido.
Diversidad
de medios tecnológicos, diversidad de proyectos y lenguajes hablaban –y hablan-
de diversos usos de ese material tan intangible como mágico, lo que fue al caso
la sustancia que permitió centrar la muestra: la magia de la luz, la metáfora
de su espiritualidad como recurso y excusa artística.
Entre
las de otros artistas, estuvieron Almanza, Artemio, Bernardini, Bisbe, Boyce,
Coronas, Hyen, Kowaz, Miyajima, Francis Naranjo, Carlos Schwartz, Soares, Leo
Villarreal. La selección fue llevada a
cabo po Iván de la Torre Amerighi, que fue comisario de la exposición Pretendía
ofrecer al público español una galería de obras de vigente actualidad al tiempo
que de singular importancia en las
trayectorias creativas individuales.
La muestra sirvió de acicate y convulsión para
sucesivos intentos expositivos, sin duda más tímidos, a la hora de tratar la
luz-arte, el arte-luz, tanto en España
como fuera de España. La iniciativa de
LA MONSTRUA que ahora se puede apreciar en Manzanares, es un coletazo de aquel
proceso indagador, con artistas de menor renombre, pero de sobrada solvencia.
Digamos que se trata de la luz, que al fin llega al rincón oscuro de La Mancha.
La luz. El arte de la luz.
Es verdad que hay una metáfora
profunda de la luz. Uno de los más grandes símiles en que reposar la sustancia
espiritual de lo humano. Una tradición clásica y una tradición judeocristiana
amparan este mito, y ambas tradiciones configuran, a su vez, dos de los soportes
ideales de la creación artística tal cual la concebimos.
De
un lado, la claridad del concepto, el desvelamiento de la verdad en la
filosofía griega, cuyo máximo exponente acaso sea Platón, o la iluminación
espiritual, también platonismo acrecentado por la tradición judía, como un
rapto súbito o místico hacia lo eterno. Ambas
dejan patente la atracción que el hombre ha sentido ante el
acontecimiento lumínico: el reto que supone, como materia y como símbolo, pues,
para el arte. De ahí que este haya sido un intento denodado por sondear la
naturaleza del deslumbramiento, de atrapar la luz, de imitarla. La
contemporaneidad, con las posibilidades que ofrece la luz artificial, tiene el
privilegio de domesticarla hasta límites insospechados no hace mucho, y al
domesticarla, convertirla en materia, en contenido, en herramienta, dejando
así, al límite de la realidad, el poder subyugador de la gran metáfora.
No es extraño por lo tanto observar cómo
distintos artistas contemporáneos se han visto atraídos por el efecto de la luz
real, ejercida, ejecutada. Desde las iniciativas de Picasso con el ligth gaffiti, hasta las creaciones de
un Lozano-Hemmer, incardinadas en el último arte tecnológico e
intercomunicativo, pasando por los señeros momentos de los tubos fluorescentes
de Giulia Kosice. En efecto, la luz se ha humanizado, se ha hecho materia, se
ha articulado como herramienta y ha sido tomada como contenido por sí misma,
fuera de cualquier excusa. En fin, ha sufrido el proceso de domesticación.
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Relieves de agua comunicante de Kosice. Luz plástica en sintonía con otros materiales. |
No podía ser de otra manera, muchos creadores
se han echado en brazos de la luz, es un movimiento internacional,
incontenible, de formulación universal. Variados artistas de distintos rincones del
planeta, abocados a distintas tradiciones artísticas que, sin embargo, emplean
la luz artificial como un recurso esencial, como un objeto de su creatividad. Y
si bien los procedimientos técnicos serán muy variados: bombillas,
fluorescentes, neones, fibra óptica, cajas de luz, lámparas halógenas, diodos,
etc; si bien puede aparecer combinada con otras materias y elementos: cemento,
terracota, plástico, agua, cristal, espejos, madera; si bien puede imitar al
tradicional cartel tornándose letra o imagen, o puede ser parte de un montaje o
instalación, o puede apropiarse la espacialidad de una escultura o pintura
tradicional, la luz se muestra guiada, conducida en la dirección de un arte global lumínico, como si reclamase la condición de género artístico por sí mismo.
Pero como señala el aclaratorio de la muestra que
hemos mencionado, “Luz artificial como material, herramienta, contenido y
mensaje en el arte último”, la luz se
pliega a ser materia de la realización, como si fuese el barro con que trabaja
el escultor, o el óleo del pintor. La luz entonces emerge como lo excusable, lo
“matérico” prescindible que conduce a otra cosa, el objeto luminiscente, o al
concepto, que grosso modo todavía es
dependiente de las formas. Puede ser herramienta, elemento de uso para, de uso imprescindible que
conduce a nuevas formas, a nuevas experiencias. Sin embargo, vemos, la
delimitación de “herramienta” lumínica y “materia lumínica”, se hace
problemática, ambigua, indiferenciada.
Sólo
la luz artificial puede ser herramienta, y donde más lo demuestra es en esas
obras complejas en que se combina con metales, vidrios, espejos etc. Y es
contenido, se supone que de sí misma, en un juego conceptual que se presta a la
conceptualización de la luz como objeto artístico. Es evidente entonces que la
domesticación de la luz tiene como
trasfondo, no solo el gozo de esta extraña “materia” del universo, sino
la reflexión sobre ella. Tampoco debe extrañar entonces el ferviente vínculo que une
la luz domesticada con el arte conceptual, aquella, prácticamente requiere de
éste, lo demanda.
Los
requisitos formales de los que hemos hablado, son los requisitos de la
exposición que puede verse ahora en LA MONSTRUA.
Dar
la luz.
CARMEN REGATERO. TEO SERNA.
JESÚS MOZOS. JOAQUÍN ROMÁN.
LA MONSTRUA INTERNACIONAL DE
ARTE OBLICUO. Manzanares. La Mancha. Del 30 de junio al 6 de Julio de 2012.
Arte
con Luz para un espacio doméstico. Arte de luz en un espacio doméstico. Sin esta domesticación, apenas se entenderá la muestra. La vieja
casa solariega del viejo casco manzanareño, que es ahora LA MONSTRUA, transmuta en Galería-recorrido de aconteceres lumínicos. Todas las
viejas casas tienen sus fantasmas, sus sorpresas, sus iluminados. Tras de las puertas, en los
rincones. En la propia galería-corredor, sobre los muros, a la subida de una
escalera.
En
efecto, la luz requiere del ámbito maternal de la oscuridad, del recogimiento
de la tiniebla y la casa hace las del vientre, y el espectador deambula por los espacios oscuro-iluminados, va
hallando las exposiciones, relámpagos, diversas de luz que se convierten en experiencias de
luz, iluminación. El recorrido tiene algo de misterio iniciático, de descubrimiento, de "trans"
Creaciones
de cuatro artistas manchegos y vinculados a La Mancha: Carmen Regatero. Teo
Serna. Jesús Mozos. Joaquín Román.
Joaquín Román,
incardina la luz en el trato conceptual de la palabra escrita. Mínimo en la expresión
formal, el uso del lenguaje es fundamental en su obra. Evidentemente el
deambulante se hallará ante un uso procedimental de la luz, que además de aportar
a los aspectos estéticos (luz transición, color, etc ...) participa de
la propia “conceptualidad” de la obra. De carácter dinámica, mucha de estas piezas están basadas en una dialéctica de
tesis-antítesis, trasladando a la mente de espectador la problemática de su creación.
Carmen
Regatero no es menos conceptual. Pero hay en su obra una tendencia compositiva,
plástica, formal. El carácter de ilustradora aflora con evidencia en sus obras.
Y así, la luz es incorporada como resultado, más que como arte en sí es un
acompañamiento de otros intereses.
Teo
Serna es sin duda el más conceptual de
los artistas aquí participantes, para quien la luz es práctica herramienta, o
elemento soporte del concepto. Esto no quiere decir que su obra carezca de
intención plástica. Todo lo contrario, los ámbitos sugestivos de la luminosidad
están ínsitos en el concepto. Teo cuenta con la luz en su propia sustancia,
pero la sustancia de la luz por sí no es nada, todo en suma conforma, a lo más, una poética.
Jesús
Mozos representa al artista plástico que demanda en la luz el incentivo de las
formas y colores. La luz es, pues, un sugestionador que enriquece el efecto
lírico y plástico. Y así acontece, ella interviene sobre las formas y los
colores pero nunca pretende sobrepasarlos. La luz es potenciación.
Cuatro artistas que representan los retos, los derroteros, las presencias y ausencias del arte de la luz, y de la luz del arte. Derivaciones, subyugaciones, olvidos, lapsus lumínicos, complementos del arte, arte iluminado, iluminación del arte. ¡Paradoja de la luz!
Aclaratorios sobre la luz del arte.
Es indiscutible que la luz artificial como
fenómeno estético y “estetizable” requiere de una representación global y
extensa. Primero porque la luz se ha convertido en excusa artística de muy
diversos artistas. Segundo, porque empieza a ser necesaria la documentación,
clarificación y racionalización del arte-luz. Es evidente, también, la
necesidad de una macro-exposición de estas características en el solar
nacional, a mi entender por dos motivos, porque permitirá hacer evidente el
contraste e inmersión de los artistas locales, la de estos en las corrientes nacionales
y por fin en las internacionales.
Como
puede apreciarse, al arte de la luz sobrepasa cualquier intento de
conceptualización dada su riqueza y variedad. Puede ser objeto por sí mismo (asunto
que en la exposición de LA MONSTRUA es obviado) y puede ser sugestivo
colaborador de la lírica poética del contenido, en este sentido se echa en
brazos del conceptualismo. Sí, en efecto, como hemos dicho, puede ser ella
misma la materia y forma, algo más por lo tanto que herramienta, pero este
aspecto es tan sutil y difícil, y requiere de unas condiciones tan especialísimas
de exposición, que es mejor obviarlo.
Es cierto que en el tratamiento artístico de la
luz notamos la ausencia del ámbito del Net-Art y de las últimas tecnologías. En especial
también toda la “luminiscencia” asociada al arte urbano, de espacios
exteriores, ramales que acaso deberían estar representados en todo esa supuesta
gran exposición.
Es más, no debe olvidarse que la luz es objeto
no sólo de interior, sino de exterior, no sólo artificial, también natural, no
solo solar, también lunar.
Se hace difícil por lo tanto concebir este tipo
de muestras en espacios modestos. Ahora bien, ese ámbito que en la exposición
de LA MONSTRUA hemos denominado “domestico”, de recorrido-galería,
sorpresivo, cierra la exposición
manzanareña en una singularidad propicia, en un viaje iniciático por la luz en
su preclara estética y concepto, arte de luz en el espacio propicio para el
espectador que una vez se atrevió a visitar la casa de la Monstrua.
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